jueves, 3 de marzo de 2011

Restos de un naufragio

Algunos somos los restos de un naufragio. Objetos sueltos flotando a la deriva mientras el mundo en el que vivimos se va hundiendo lentamente, frente a nuestros ojos.  No hay nada más duro emocionalmente que abandonar ese barco porque ese lastre nos acompañará siempre.  Uno puede conquistar nuevas tierras, levantar imperios, pero nada podrá evitar que la sombra del "y si no me hubiese ido" se asome a  los pensamientos.  Uno puede arrancar esas malas hierbas en cuanto comienzan a brotar, arrojarlas al rincón del olvido, pero siempre regresan. No hay tiritas para calmar ese dolor. He perdido la cuenta de las veces que me he preguntado si no era el momento de volver. Nunca he contado las veces que me he respondido: allí no hay sitio para ti... 

jueves, 24 de febrero de 2011

Se fueron poco a poco

No se fueron todos de golpe, sino poco a poco…  empezó a enmudecer el pueblo casi sin darnos cuenta.  Dejó de oírse al herrero en la  fragua, y las caballerizas recorriendo las calles. Las mozas partieron para servir, y acabaron olvidando regresar para segar. Unos primero, otros después fueron tras la promesa de un futuro que no entendiese ni de sequías ni de tormentas de granizo. Se fueron  despacio, sin hacer ruido,  por un tiempo  corto que acabó siendo toda una vida… la mayoría han acabado siendo de ninguna parte: extranjeros en todas partes, vapuleados por ese quiero pero no puedo (o no debo), esperando un tiempo incierto que seguramente nunca llegue, o si llega, siempre sepa a poco… han vivido y viven añorando un tiempo que no será, porque la realidad se ha empeñado en enterrarlo…y aunque siguen achicando agua, cada vez las fuerzas son menores y el agujero es cada vez mayor…

Se fueron poco a poco dicen, sentados en algún rincón soleado, siguen esperando que regresen…

miércoles, 27 de octubre de 2010

Cómo muere un lugar

La vida y la muerte humana existen,  si alguien ha certificado su nacimiento o su defunción.  Entre ambos momentos otra serie de documentos avalan o registran nuestros pasos.  Son las migas de nuestro particular cuento.  Algo similar ocurre con las empresas, asociaciones y demás entidades que laten mientras generan actas e informes.

Hoy, dos preguntas martillean mi cabeza: ¿cómo nace y muere un lugar?  Vivimos en un momento en el que decir "no es de nadie" es incorrecto. Todo tiene dueño, aunque sea desconocido.  Todo tiene un titular que religiosamente dará cuenta de sus  posesiones al organismo o institución correspondiente.  Nada parece quedarse en el limbo de  la nada. 

Los  lugares  parecen estar en continua transformación, siguen un ciclo de vida que, a veces, se nos escapa de las manos y del entendimiento.  Visitamos lugares que un día fueron foco de vida y hoy son paseo de la desolación…  yo no puedo dejar de preguntarme si hubo alguien o algo que un día recorrió esos lugares repartiendo el sacramento de la unción,  si el medico corrió a su auxilio en su agonía, y, después, certificó su muerte; si hubo alguien que derramó unas lagrimas en su sepelio, si alguien lleva a su sepultura sobre la tierra unas flores cada uno de noviembre,…

Me pregunto cómo se documenta "oficialmente" la muerte de un pueblo, cómo se borra el nombre del mapa carreteras y del listado de  poblaciones,…