jueves, 23 de septiembre de 2010

Respeto

De pequeña jugaba  entre paredes derruidas a las casitas, retirábamos las malas hierbas, recolocábamos las piedras e imaginábamos un hogar donde vivir  los sueños. Oía hablar de otros tiempos, no demasiado lejanos, donde la vida fluía a borbotones,  de las vueltas a la parva y las visitas a un convento que la amortización hirió de muerte.  He vivido la decadencia,  el dolor sangrante de la emigración, la tristeza infinita cuando uno no encuentra en su lugar el paraíso de la infancia…

Soy una de esas personas que no ha sabido (ni pretende) sacudirse la tierra adherida a sus zapatos, y sigue sin cortar ese cordón umbilical. Tal vez por eso, cuando recorro lugares  donde el tiempo no conoce horas ni minutos, sino silencios  y soledades, no puedo dejar encerrados los sentimientos y los recuerdos.

Me gustaría pensar que he logrado saber colocarme a la distancia idónea para ver las cosas sin sentir el dolor agudo y a la vez, para saber valorar lo que tengo enfrente…

No puedo evitar entristecerme cuando llego a uno de esos lugares donde la falta de respeto es más grande que el abandono, donde robar sigue teniendo cinco letras y sigue siendo un delito, donde los derechos de las propiedades privadas son los mismos que en los demás lugares, por mucho que haya una puerta sin cerrar.

De pequeña oí muchas veces, se toca con los ojos,.. y yo añadiría, no te lleves más imágenes

Haz lo que te es propio, que nadie te desvíe. Pitágoras.

martes, 31 de agosto de 2010

Resurgiendo

Dicen que las primeras veces  es lo que uno recuerda con el tiempo. No sabría situar cuando fue la primera vez que oí hablar de Sarnago.  Probablemente su nombre se cruzó en algún texto  y se quedó ahí, atrapado en las telarañas de mi memoria.  Después uno sigue leyendo y escuchando… pero el poso inicial sigue ahí. La semilla ya está lanzada a la tierra y sólo falta esperar que germine o se pierda...
Cuando uno lleva muchos lugares recorridos,  a uno le entra la duda de si será capaz de encontrar suficientes diferencias respecto de los anteriores, para que adquiera una entidad clara en su memoria personal…  las ruinas van borrando argumentos, las zarzas se empeñan en esconderlos…
Sus calles  siguen viviendo entre los fantasmas de los que se han ido, y de los que se empeñan en recorrerlas para transmitirles vida,  y arrancar del olvido lo que ellos recuerdan de cuando la vida burbujeaba constantemente…
Siempre les estaré agradecida por su generosidad al hablar, y al enseñarme su museo. Fue volver a la infancia, a la casa de mi abuela materna, a los recuerdos que resurgen como fuegos artificiales, a borbotones,… Fue abrir la puerta de un paraíso perdido, volver al regazo de unos tiempos  que siento que me robaron…

miércoles, 16 de junio de 2010

Sienten el afecto de lo que un día fueron sus vecinos, pero ya no reciben sus visitas. Fueron acogedores aunque no lo parezcan. No recuerdan el griterío de los niños,  ni los coros de gente en sus calles al final de la jornada. Guardan vida en sus entrañas pero no saben cuál será la suya. Sobreviven atrapados en la desmemoria, ausentes en su propia existencia avanzan moribundos en el camino del olvido.

Las hierbas emborronan veredas no transitadas, silencios no rotos, ausencias cada vez más hondas y más dolorosas…

Ellos también  padecen su particular alzheimer