martes, 19 de mayo de 2009

Nuestros pueblos

Pienso mientras recorro con la mirada kilómetros que son pestañeos y lugares que se vistieron de fiesta en otros tiempos y ahora apenas si logran, los más afortunados, con cubrirse la piel con algunos visitantes que buscan olvidarse del mundanal ruido. Nombres propios que luchan por seguir erguidos mientras se encorvan sus paredes y se oxidan sus balcones. Lugares cuya historia morirá en su mayor parte cuando la tierra golpee el ataúd del último habitante que allí anduvo.
Iglesias románicas, atalayas, castillos,… piedras y tejas, polvo y caminos, muchas veces transitados pero cada vez, menos vividos. Silencios que van creciendo como zarzas a su libre albedrío, nostalgias que carcomen los recuerdos. El cáncer de la despoblación recorre nuestros pueblos.

Foto: Balcón en Modamio (Soria)

miércoles, 8 de abril de 2009

Volver...

Habla el periódico estos días de porcentajes y balances entre un ayer y un ahora en el que las cuentas arrojan resultados con tintes amargos. Escriben de esta tierra fría, como la de un desierto demográfico. Y lo es, o al menos tiende a ello, con esa perdida gradual de población que parece ser complicado de remediar. Dicen que esta tierra es poco atractiva para los nativos, y quizá eso duele tanto o más como ver como la desidia y el olvido institucional arraigan en esa tierra.

Volver, esa utopía que golpea en la cabeza de la mayoría que nos fuimos esperando regresar, pero nunca encontramos ese un sitio para hacerlo. Deambulas por otros lugares, sobrevives a la rutina diaria, incluso echas (o menos lo intentas) raíces en otra tierra que no es la tuya ni sentirás tuya, pero cuando algo te trae al ahora un soplo de aire del Moncayo, o una gota de agua del Duero, o simplemente unas líneas con los latidos de esa tierra, uno vuelve a sentir el dolor de la nostalgia. También la ilusión por volver, por reemprender inversamente el camino que nos llevo lejos, por regresar a casa. Perdón, por regresar al hogar, como hijos pródigos que somos….

Foto: Velasco, otro pueblo abandonado

martes, 10 de marzo de 2009

Latidos silenciosos

Apareció en mi camino como un regalo de la primavera, entre los tímidos rayos de un sol de finales de febrero. Herido de muerte, aún le quedaban algunas fuerzas para librar batalla, quizá la penúltima, contra esa carcoma que es la despoblación y el olvido.

El río, columna vertebral, es el único que osa romper ese silencio que se cuela entre esas calles desdentadas, y las casas que se encorvan como viejecillos que avanzan apoyados en bastón,.. pero aquí no hay cayados, sino postes que apenas pueden aguantar la inercia de los años y el peso de esa nieve que pesa aunque no caiga.

Piedra y adobe se entremezclan entre balcones de forja y calles de arena. Pensamientos recién plantados en unas jardineras que parece que nadie verá. Violetas y margaritas entre las piedras que un día fueron asientos a las puertas de esas casas que siguen esperando a esos dueños que ya no volveran. Brotes verdes de vida, en un mundo que agoniza lentamente.

El cuerno suena. “El pueblo te necesita” se lee en un cartel. Aún quedan algunos valientes soñadores que están dispuestos a pelear.

Foto: Valdanzuelo (Soria).