Los paraísos perdidos no aparecen en los mapas. Dicen que los caminos son de doble sentido: para ir y volver, pero el regreso es optativo. Las lágrimas con las que los últimos habitantes fueron marcando la senda en su destierro, hoy son diminutas flores que han ido borrando las veredas por las que ellos partieron. Las ortigas y las zarzas recuerdan al que allí se acerca, que todos somos extraños. Algunos viajes no tienen billete de regreso. No hay coraje para volver allí donde todo les dieron y todo les pareció poco. Sólo es posible mirar lo que se añora desde la lejanía, rememorar un tiempo que la memoria emborrona y continuar como las historias. Ellas siempre se reanudan en la siguiente línea, en la siguiente página.
lunes, 12 de marzo de 2012
... transplantados
martes, 21 de febrero de 2012
Sordos
Me quieres decir qué mundo es éste en el que se despuebla el paraíso. Abel Hernández
Cambian las coordenadas geográficas, los muros de piedra por adobes, las tejas por pizarras, las tierras de labraza por montes,… pero las zarzas y los cardos, se cuelan en sus entrañas. El oxido, el silencio y la derrumbe también les unen. Demasiadas similitudes en estos paraísos que fueron condenados a muerte y desolación. La ambición de una vida más prospera, fue su pecado…
Ha pasado, en la mayoría de los casos, demasiado tiempo para que alguno de los que se fueron, confiese aunque sea en voz baja, su error y su deseo de volver. Ni siquiera la tan comentada crisis económica podría motivar a hacer ese camino de regreso. Frente a este precipicio me pregunto, si aun estamos a tiempo de retrasar esa agonía, si aun podemos apelar a ese vinculo con la tierra… si aun hay una generación que podría responder a ese s.o.s. que muchos de esos paraísos gritan… ¡Qué lástima que nos hayamos quedado sordos!, aunque sea de conveniencia…
martes, 4 de octubre de 2011
ni sin ti
Quizá estemos condenados a reencontrarnos, encadenados a ese "ni contigo ni sin ti" que nos une y, más tarde, nos separa…
Espérame -le digo al despedirme. Cuídate. Lucha. No dejes que el tiempo y la lluvia arruinen tu color azul. Me tengo que ir pero prometo volver,- le digo bajito, porque se que un día, espero que lejano, yo tampoco podré cumplir mi promesa...
jueves, 3 de marzo de 2011
Restos de un naufragio
Algunos somos los restos de un naufragio. Objetos sueltos flotando a la deriva mientras el mundo en el que vivimos se va hundiendo lentamente, frente a nuestros ojos. No hay nada más duro emocionalmente que abandonar ese barco porque ese lastre nos acompañará siempre. Uno puede conquistar nuevas tierras, levantar imperios, pero nada podrá evitar que la sombra del "y si no me hubiese ido" se asome a los pensamientos. Uno puede arrancar esas malas hierbas en cuanto comienzan a brotar, arrojarlas al rincón del olvido, pero siempre regresan. No hay tiritas para calmar ese dolor. He perdido la cuenta de las veces que me he preguntado si no era el momento de volver. Nunca he contado las veces que me he respondido: allí no hay sitio para ti...
jueves, 24 de febrero de 2011
Se fueron poco a poco
No se fueron todos de golpe, sino poco a poco… empezó a enmudecer el pueblo casi sin darnos cuenta. Dejó de oírse al herrero en la fragua, y las caballerizas recorriendo las calles. Las mozas partieron para servir, y acabaron olvidando regresar para segar. Unos primero, otros después fueron tras la promesa de un futuro que no entendiese ni de sequías ni de tormentas de granizo. Se fueron despacio, sin hacer ruido, por un tiempo corto que acabó siendo toda una vida… la mayoría han acabado siendo de ninguna parte: extranjeros en todas partes, vapuleados por ese quiero pero no puedo (o no debo), esperando un tiempo incierto que seguramente nunca llegue, o si llega, siempre sepa a poco… han vivido y viven añorando un tiempo que no será, porque la realidad se ha empeñado en enterrarlo…y aunque siguen achicando agua, cada vez las fuerzas son menores y el agujero es cada vez mayor…
Se fueron poco a poco dicen, sentados en algún rincón soleado, siguen esperando que regresen…
miércoles, 27 de octubre de 2010
Cómo muere un lugar
La vida y la muerte humana existen, si alguien ha certificado su nacimiento o su defunción. Entre ambos momentos otra serie de documentos avalan o registran nuestros pasos. Son las migas de nuestro particular cuento. Algo similar ocurre con las empresas, asociaciones y demás entidades que laten mientras generan actas e informes.
Hoy, dos preguntas martillean mi cabeza: ¿cómo nace y muere un lugar? Vivimos en un momento en el que decir "no es de nadie" es incorrecto. Todo tiene dueño, aunque sea desconocido. Todo tiene un titular que religiosamente dará cuenta de sus posesiones al organismo o institución correspondiente. Nada parece quedarse en el limbo de la nada.
Los lugares parecen estar en continua transformación, siguen un ciclo de vida que, a veces, se nos escapa de las manos y del entendimiento. Visitamos lugares que un día fueron foco de vida y hoy son paseo de la desolación… yo no puedo dejar de preguntarme si hubo alguien o algo que un día recorrió esos lugares repartiendo el sacramento de la unción, si el medico corrió a su auxilio en su agonía, y, después, certificó su muerte; si hubo alguien que derramó unas lagrimas en su sepelio, si alguien lleva a su sepultura sobre la tierra unas flores cada uno de noviembre,…
Me pregunto cómo se documenta "oficialmente" la muerte de un pueblo, cómo se borra el nombre del mapa carreteras y del listado de poblaciones,…
viernes, 1 de octubre de 2010
Hay lugares a los que uno va, porque nadie te manda
jueves, 23 de septiembre de 2010
Respeto
martes, 31 de agosto de 2010
Resurgiendo
miércoles, 16 de junio de 2010
Sienten el afecto de lo que un día fueron sus vecinos, pero ya no reciben sus visitas. Fueron acogedores aunque no lo parezcan. No recuerdan el griterío de los niños, ni los coros de gente en sus calles al final de la jornada. Guardan vida en sus entrañas pero no saben cuál será la suya. Sobreviven atrapados en la desmemoria, ausentes en su propia existencia avanzan moribundos en el camino del olvido.
Las hierbas emborronan veredas no transitadas, silencios no rotos, ausencias cada vez más hondas y más dolorosas…
Ellos también padecen su particular alzheimerjueves, 10 de junio de 2010
Ausencia, una costumbre añadida
No se porqué me atrae tanto ese mundo de oxido y olvido. Quizá porque cómo dice Llamazares "vengo de un mundo y he sido transplantado a otro", y me cuesta encontrar mi sitio. Es como si arrastrase tras de mi esa maleta de hojalata que un día heredé.
Hoy me apetecía hablar de ese mundo condenado a desaparecer engullido por las zarzas y las ortigas, obligado a arrodillarse ante el olvido, aplastado por el peso del silencio. Es la revancha a un tiempo de conquistas sobre la tierra que se cobra ahora su venganza.
"El último habitante de …" cualquier lugar no sería muy diferente a éste que deambula por las calles, conviviendo con los fantasmas de los difuntos y la soledad de los recuerdos. Es como si al final de nuestros días necesitásemos remover las piedras del pasado intentando, quizá, encontrar un sentido a nuestra existencia e ir atando cabos sueltos. También miedos. Parece como si estuvieran esperando ese momento de flaqueza para despertarse y entorpecer la tranquilidad de aquél que acepta con resignación su destino. Es un morir lentamente, una búsqueda de un refugio interior cuando las fuerzas fallan y el exterior empieza a parecer irreal. Quizá la memoria sea entonces una gran mentira, mientras la realidad y la imaginación se confundan irremediablemente.
"Era como si el tiempo se hubiera congelado de repente. Como si el viejo río de los días se hubiera detenido bajo el hielo convirtiendo mi vida en un interminable e inmenso invierno. Ahora miro hacia atrás buscando aquellas tardes, remuevo en mi memoria las hojas del silencio y encuentro solamente un bosque sepultado, deshecho por la niebla, y un pueblo abandonado por el que cruzan los recuerdos como espinos arrastrados por el viento. " del libro Lluvia amarilla de Julio Llamazares
Entre ruinas y soledad
"Era como si el tiempo se hubiera congelado de repente. Como si el viejo río de los días se hubiera detenido bajo el hielo convirtiendo mi vida en un interminable e inmenso invierno. Ahora miro hacia atrás buscando aquellas tardes, remuevo en mi memoria las hojas del silencio y encuentro solamente un bosque sepultado, deshecho por la niebla, y un pueblo abandonado por el que cruzan los recuerdos como espinos arrastrados por el viento."
Libro: La lluvia amarilla. Julio Llamazares
martes, 25 de mayo de 2010
Clasificando paraisos perdidos
Cuando uno se pierde, o se encuentra, por algunos de estos lugares que primero son despoblados y luego abandonados, uno va anotando mentalmente pequeños detalles para "rumiarlos" más tarde, cuando las sensaciones no están tan a flor de piel.
No se si hay algún test que permita catalogar esos lugares, y que permita cuantificar el abandono y olvido que sufren.
Si sólo pudiese observar una cosa, miraría el estado de su iglesia (si la hay). Siempre he pensado que cuando ese edificio se derrumba es porque nadie hay que lo mantenga.
También me fijo en su cementerio, en las fechas de sus cruces, y en esas visitas que van decreciendo según van desapareciendo esos hijos pródigos.
La presencia de zarzas y malas hierbas que atacan derrumbes y borran sendas y caminos nos indican el grado de olvido que llevan padeciendo. Debemos observar además, el estado de las viviendas, su nivel de desplome, sus puertas cerradas, el grado de pillaje y de gamberradas…
La ausencia de cables del tendido eléctrico, y de depósitos de agua ayudan a hacernos una idea de cómo fue la vida domestica en los últimos años. Los aperos de labranza, las majadas y corrales, los muros de piedra que delimitan prados y huertos son otras pinceladas en ese paisaje que se borra irrediablemente ante nuestros ojos.
Otros aspectos a tener en cuenta son la accesibilidad del lugar, y la presencia de algún núcleo poblacional cercano de mayor magnitud.
Todos estos pequeños detalles van dando forma a la historia de un lugar donde ya nadie espera, aunque todos los que fueron están, paseando por sus calles, en la memoria de los que un día sintieron que ese era el paraíso perdido…
lunes, 26 de abril de 2010
miércoles, 17 de marzo de 2010
Tiempos valiosos
Las veredas que no se transitan acaban borrándose, la memoria se pierde con el tiempo… un tiempo demasiado valioso que se pierde cuando miramos hacia otro lado, o simplemente cuando miramos sin ver…
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Zárabes
Una localidad que hasta aquel día yo no hubiese sabido colocar en el mapa, del que nunca había oído hablar. Otro lugar herido por la despoblación. Otro pueblo más que añadir a la lista del "debe" (uno ir y conocer).Siempre digo que las iglesias son el barómetro de los lugares. La salud de esos edificios religiosos es más importante que la suya propia, al menos en los rurales castellanos de este siglo. Aquella estampa era desoladora...
Prometí a los vecinos veraneantes que pondría mi granito de arena para denunciar aquel abandono y, para animarles, a continuar su empeño por mantener en pie, lo poco-mucho que quedaba de aquella que un día fue lugar de reunión de sus gentes, ahora ausentes
Foto: Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (Zárabes, Soria)
1.- De 150 habitantes a principios del siglo XIX ha pasado a tener uno sólo censado, según los últimos datos de 2008.
2.- Situado en el campo de Gómara, sus visitantes se encuentran arte en ruinas en sus edificios.
3.- Cuenta con el récord de haber tenido a la alcaldesa de mayor edad en la década de los años ochenta.
jueves, 20 de agosto de 2009
Cuentas del collar de la despoblación
Son cuentas de un collar que la memoria guarda como un tesoro, esperando que milagrosamente un brote verde surja en primavera. Lugares sedientos de susurros y de pasos.
Dicen que no hay caballo que más corra que el tiempo, y allí parece detenido… o quizá sólo sea un reflejo, porque el barro y la piedra, la madera y el oxido van perdiendo paulatinamente la batalla contra las zarzas y la maleza.
La indiferencia no cabe en estos sitios. O te atraen o los repeles. O amas la nostalgia que se respira allí o sientes la necesidad de mirar a otro lado y continuar, como si nunca se hubiesen cruzado en tu camino…
Un despoblado es una aldea o pueblo que en el presente ya no tiene habitantes permanentes. Pocos o casi ninguno, los más afortunados, han acogido en su regazo algún habitante aunque sea temporalmente en verano. Pero la mayoría siente la carcoma del olvido en su vientre, el viento recorriendo sus calles que se van borrando. Son más de los que debieran, y aún sangran las heridas de los que un día partieron de allí. Duele ir y ver como los vándalos no respetan lo que un día fueron hogares. Duele doblemente. Quizá tanto como cuando uno siente la impotencia al pasear, por alguno que moribundo, aún no aparece en la lista de “deshabitados” pero que avanza inevitablemente hacia allí…
No se puede volver a un lugar a donde nunca se ha ido, aunque uno haya estado allí muchas veces a través de las palabras de otros. Yo siento que regresé a Vea.
Fotos: Vea (Soria)
miércoles, 3 de junio de 2009
La muerte de un lugar
Cuando uno se adentra en uno de esos lugares donde ya nadie espera, uno no puede dejar de preguntarse qué hizo que se escribiese el punto final de ese mundo o, al menos, un punto y a parte además de unos cuantos folios en blanco. Uno recorre calles, entra sin llamar en casas que abren sus puertas añorando el calor humano, se asoma a ventanas que sobreviven milagrosamente al paso del tiempo, llega a esos puntos geográficos donde se palpaba el pulso diario del lugar, pero ya no hay latidos. El agua ya no pasa por el molino, los artilugios de labranza están sepultados bajo los tejados de los corrales, las tenadas ya no guardan nada más que silencios, y las cruces del cementerio son las únicas que, con nombres y fechas, corroboran que hubo un tiempo en el que la vida allí tenía incluso apellidos.
Mirando ese puzzle de piedras y adobes que desafían el paso del tiempo y la ausencia de sus mecenas, uno más que caminar, arrastra los pies y los pensamientos. Y quizá, en esos momentos de nostalgia a flor de piel, uno se pregunta cuándo muere un pueblo, un lugar, o si son como las estrellas que siguen brillando un tiempo aunque ya no haya vida en su interior.
Quizá esa primera gotera de la iglesia que nadie arregla, es el primer síntoma de esa muerte que se aproxima, y nos ronda como buitres alrededor de un animal moribundo,…
Nadie le da la extremaunción, ni certifica la defunción de ese lugar que muere en soledad, que se lleva la historia de los que allí fueron como ese cabo de vela que se ahoga en un mar de cera derretida…
miércoles, 27 de mayo de 2009
Ruinas y óxido
Caminar es ir descubriendo lugares, mirar y preguntarse qué es algo, y también cuál ha sido el derrotero que ha hecho que llegasen así hasta ese ahora, que a veces agoniza y otras pide auxilio mientras nos sentimos atados de pies y manos o, simplemente, miramos cobardemente hacia otro lado pensando que eso no va con nosotros…
Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos
voy caminando solo
triste, cansado, pensativo y viejo.
Antonio Machado.Foto: Aguilera (Soria)
martes, 19 de mayo de 2009
Nuestros pueblos
Pienso mientras recorro con la mirada kilómetros que son pestañeos y lugares que se vistieron de fiesta en otros tiempos y ahora apenas si logran, los más afortunados, con cubrirse la piel con algunos visitantes que buscan olvidarse del mundanal ruido. Nombres propios que luchan por seguir erguidos mientras se encorvan sus paredes y se oxidan sus balcones. Lugares cuya historia morirá en su mayor parte cuando la tierra golpee el ataúd del último habitante que allí anduvo. Iglesias románicas, atalayas, castillos,… piedras y tejas, polvo y caminos, muchas veces transitados pero cada vez, menos vividos. Silencios que van creciendo como zarzas a su libre albedrío, nostalgias que carcomen los recuerdos. El cáncer de la despoblación recorre nuestros pueblos.
